Fue en 1978 cuando acudieron por primera vez a la Feria del Libro. Vivían lejos, al sudoeste de Madrid, e iban juntos al instituto. Entre los cuatro, en una de las pocas casetas que había entonces, compraron Cien años de soledad, que se turnarían para leer. Después, sentados en el césped, se prometieron que cada uno escribiría un libro sobre sus posteriores visitas a la Feria. Quien lograra publicarlo primero invitaría a una cena.

 

Daniel tardó 30 años en acabar y editar una obra donde, en su recorrido primaveral por el Retiro, contaba sus amores y fracasos, oficios y muertes, sueños y desolaciones.

 

Julieta trabajaba en política cuando, en 2013, terminó una crónica que repasaba la historia del país a través de los cambios de un evento literario cada vez más grande y concurrido.

 

Bernabé narró sus visitas algunos veranos. Luego lo olvidó para triunfar en sus negocios.

 

Marta murió en accidente de tráfico antes de finalizar el siglo. Había escrito una novela con personajes ficticios, entrelazando sus años y  sus vidas entre las casetas de libros. Se publicó póstumamente, en 2005.

 

Ayer nos encontramos para dejar los tres libros sobre el césped donde hicimos la promesa.

 

Lola Robles Moreno

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