Los libros descansan, unos sobre otros, esperando a que alguien los saque de su letargo. Los ojean y los hojean, algunos los acarician, otros los descuidan colocándolos en el hueco equivocado. Se sentirán queridos, despreciados, agredidos, olvidados, pienso. Una mujer con las manos manchadas de helado mira amenazante un ejemplar de uno de esos libros que promete ayudar a adelgazar. El hombre del bigote y gafas oscuras observa desde un par de metros más allá. Busca algo prohibido, imagino. Un joven de rostro triste se acerca y pide un libro de poemas. Me ha parecido apreciar un gesto amable cuando ha leído el primero de los poemas. Un joven con un libro de poemas es ahora.

Me ha parecido ver cómo un ejemplar daba un pequeño golpe a otro para que se colocase en el lugar exacto. Es imposible. Aunque la mesa está en orden. Debe ser porque ha llegado la mujer elegante que todos quisieran como dueña, fabulo.

 

Susana Muñoz Lárazo

Finalista, III Concurso ePRIZES de Literatura Instantánea

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