HISTORIA DE LA ESCRITURA

 

Alberto Goytre

 

Nunca he escrito un poema

dedo a dedo, en el teclado

del aypad. Mi primer instrumento

fue el boli Bic, que practiqué miles de años.

La velocidad de la escritura

es importante en poesía.

El poema caligráfico tiene algo musical,

es como tocar el violín o la guitarra.

Incluso, uno se siente algo músico y un poco

pintor

cuando escribe versos a mano. Un poco

artesano, carpintero, escultor, artista…

Creando una cosa única, manuscrita, irrepetible.

Después, aprendí mecanografía.

Algo sorprendentemente práctico. También

tenía eso algo de virtuosismo

musical una vez más, pues teclear

a velocidades de Vivaldi, Chopin o Rachmaninof, era

cojonudo. La letra pasó a ser anónima,

tipográfica, impersonal. Un carácter como cualquier otro,

impreso en tinta en un folio Galgo, sí, pero…

¡Qué fabulosa velocidad! ¡Qué vértigo escribir

cada vez más cerca del rápido relámpago neuronal,

qué sensación de volar sobre las propias ideas,

alando con las manos, volando con los dedos, tecleando

qwerty asdfg lkjhg, método caballero de mecanografía al tacto!

El siguiente cambio

no tuvo que ver con mis manos,

sino con el soporte de impresión: la pantalla

sustituyó al papel. Se perdió así

el último vestigio de individualidad

en la producción de ideas: ni caligrafía, ni papel. Sombras

de bits en una pantalla, trazos mágicamente

transformables en fuentes diversas, y tamaños.

La era digital me trajo todavía más velocidad.

Los teclados, al no tener ya que percutir

sobre la cinta de tinta y el papel, era aún más veloces.

¡Dios! ¡Qué cerca estábamos entonces de escribir

al ritmo mismo del pensamiento, eléctrico, inmediato,

digital! Como si las yemas de los dedos fueran

conexiones neuronales con el universo virtual.

Entonces

llegaron los aypad, los esmarfons, los tablets

Y aquí estoy, ahora, escribiendo

versos dedo a dedo, letra a letra, lentamente,

más despacio que nunca, y sin embargo

feliz de sentir todavía en mi sistema nervioso

esa vieja pulsación que desde el cerebro busca

conectar como sea, manifestarse, decir

palabras, escribir, crear, creer, vivir.

 

Alberto Goytre @goytre

Publicado anteriormente en el blog Literatura y Comunicación.

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