…después de su último desengaño.

   Le había insistido mucho con que quería comprarme ese libro, pero, en realidad lo que quería era que saliera, que volviera a comerse el mundo.

Que al llegar a la caseta 357 se diera cuenta de que había perdido su pañuelo naranja favorito y, al volver atrás, un feriante vestido de pirata le diera un mapa con las instrucciones exactas para recuperarlo.

Seguiríamos cuidadosamente el camino hasta la caseta 252 y después a la 256.

Sí, sabía que no podría resistirse a llevarse aquel ejemplar sobre el lince ibérico.

– ¡Espera un momento! -me dijo.- ¡El libro tiene una nota en la contraportada!

“Estimada dueña del pañuelo naranja, esperaba poder devolvérselo en persona desde la caseta 252, pero no pude evitar observar cómo ojeaba usted mi libro favorito. Esta vez no poseo un mapa para indicarle dónde debe ir. Tendrá que seguir su instinto. Nos vemos aquí en 4 días. ¡Disfrute de la lectura!”.

– ¡Me ha robado el pañuelo! -gritó.

– ¿Una nueva aventura? -pregunté.

– Por supuesto, y sólo acaba de empezar. Tenemos 4 días para leernos 300 páginas -dijo. Y nuestra risa se perdió entre los túneles.

 

Elísabet Gómez Moreira

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