“Fui más de lo que soy”, leyó en un libro de Manuel Rivas que compró en la Feria del Libro de Madrid.

Y rumiando esta idea se miró al espejo. Tuvo que acercarse mucho para descubrir que en las arrugas que bordeaban sus ojos flotaban mil paisajes del mapa que no exploró en vida. Y en las grietas de sus labios se secaban besos que no pudo dar. De los lóbulos de sus orejas, ahora grandes colgajos, se encontraban pendientes muchas conversaciones apenas iniciadas. Y en su cabeza los claros anunciaban amargas ausencias.
“Soy todo lo que no pude ser”, concluyó.

Y, deshaciéndose como arenilla, se desmoronaron con él los pretéritos imperfectos, el presente, el condicional, los futuros perfectos… Alcanzando la gloria del participio pasado: “He sido”.
 

 

Purificación Ruiz Gómez

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